martes, 20 de enero de 2015

Los barcos vikingos o "drakkar"

Durante las anteriores entradas de este blog hemos visto los aspectos generales de la cultura vikinga, para no empezar de lleno con su navegación y poder situarnos cultural, militar e históricamente.
Los llamados drakkar eran embarcaciones medievales del periodo que va desde el año 700 al 1000. Sus principales y más famosos tripulantes eran los guerreros vikingos, aunque también hubo pueblos germánicos que los utilizaron, como los sajones.
La palabra drakkar es una derivación del término islandés para referirse a los dragones. A los barcos vikingos se les llama así debido al mascarón de proa, el cual tenía forma de uno de estos animales mitológicos. Un ejemplo de mascarón de proa vikingo es el situado en la imagen de la derecha.
En los antiguos escritos islandeses se cita que las leyes paganas prohibían el uso de esas cabezas cuando salían a la mar, pero que, si se hacía la pieza, debía ser desmontable, de manera que se quitase al acercarse a la costa de nuevo para evitar que los espíritus protectores de la tierra se vieran intimidados. 
Los barcos vikingos eran fuertes y resistentes, sin embargo eran muy estrechos, largos, livianos y de poco calado. Este poco calado hacía que estos barcos pudieran navegar tanto por mar abierto como por ríos o fiordos. En un principio los barcos se movían solo a remo, los cuales estaban situados a lo largo de los dos laterales de la nave. Posteriormente y con la mejora de las técnicas de navegación, se incluyó, en el centro del barco, una vela, la cual se controlaba desde la popa del mismo con dos cuerdas.
Asimismo, dado el limitado espacio en el interior de la nave, y seguramente para darles un aspecto más amenazador, se colocaban los escudos de los guerreros entre los remos.
En la actualidad, el único barco vikingo conservado casi en su totalidad se encuentra en el Museo Vikingo de Oslo. Se le llama comunmente Barco de Oseberg. Fue descubierto en 1904 por un arqueólogo sueco y otro noruego. Se encontraba en un extenso montículo funerario en la granja de Oseberg, en Noruega. Está construido en madera de roble, y cuenta con 5 metros de manga y 22 metros de eslora, y cuenta con un mástil de unos 9 o 10 metros de altura. La vela que podría haber llevado mediría sobre 90 metros cuadrados. La proa y la popa están tallados de una forma impresionante, de forma que se aprecia en la foto.
Este barco se contruyó en el año 820, y sirvió para su fin militar hasta que fue utilizado como sepultura, (el método de enterramiento de las clases altas vikingas era meter el cadáver en un barco junto con sus pertenencias).
En esta fotografía se puede ver el barco de Oseberg, en el que se encontraron diversos objetos en su interior, como un carro.













Una foto de los descubridores escandinavos junto a su descubrimiento, en el año 1904.


Gracias a estos barcos, los vikingos pudieron saquear toda Europa durante la Alta Edad Media, incluso llegaron a la Península Ibérica.
La primera mención específica de la presencia de los vikingos en la península ibérica sitúa su llegada en el año 844. Los Annales complutenses, del siglo XVII, hacen referencia a un desembarco cerca de Gijón realizado ese año por vikingos que habían llegado en 54 naves y que subieron después por la cercana ría de Arosa.Más tarde, Ramiro I de Asturias les venció en La Coruña. De allí, la flota atacó las ciudades de Lisboa, Cádiz y Sevilla, todas ellas bajo el control de los omeyas del Emirato de Córdoba. En 858, tras saquear Algeciras  y Baleares, establecieron un base invernal al sur de Francia, desde donde saquean a Arlés y Nimes y suben por el Ebro, y sus afluentes, para atacar Pamplona, cogiendo prisionero al rey en el año 859, liberándolo tras el pago de un importante rescate.